23 de mar. de 2009

La mujer en el hogar judío, su rol en la educación de sus hijos y la transmisión de la cultura

Por Dalia Levinsohn, Secretaria General de FCJE - Ponencia en el marco del "Seminario Judeo Sefardí"

Es para mí un inmenso honor y un gran privilegio poder contribuir a este importante Congreso Mundial Sefardí.

Dicho esto empezaré mi ponencia diciendo que, aunque no sea sefardí de origen, lo soy por hecho y por derecho. Me explicaré. Vivo en España desde hace más de 45 años, concretamente en Barcelona, integrada en la Comunidad Israelita de Barcelona desde la llegada de mi familia a esta ciudad, de mayoría sefardíes. Aquí he crecido, aquí me he casado, aquí han nacido mis 2 hijos y todos esos años he frecuentado la sinagoga sefardí. Es por ello que me considero sefardí.

Al plantearme el desarrollo de mi ponencia cuyo titulo ““La mujer en el hogar judío, su rol en la educación de sus hijos y la transmisión de la cultura“ se me planteó un gran problema. El desarrollo podía ser absolutamente académico, es decir con citas y mas citas de nuestra Torah, que es el mayor legado que ha recibido el pueblo judío. La Torah establece una norma de vida, a través del cumplimiento de sus preceptos (Mitzvoth). Los preceptos llenan nuestra vida y su cumplimiento constituye una regla de vida que permite transmitir la identidad judía, manteniendo viva la cadena que nos ha permitido perdurar a lo largo de los siglos, pese a las persecuciones y exilios.

La exención de la mujer en el cumplimiento de algunas Mitzvoth (por ejemplo asistencia a la sinagoga diariamente), para poder atender mejor a su familia, a sus hijos y a su esposo, preparar la casa para recibir el Shabbat (u otras fiestas) da idea de la sabiduría que subyace en la propia Torah con respecto a la educación, transmisor de la cultura, tradición e identidad judías.

En un trabajo de investigación, la socióloga Cherie Koller-Fox de USA, formuló a muchachas de 11 y 12 años en la “Belmont Sschool” la siguiente pregunta:

“¿Qué debe hacer una mujer judía para ser una mujer judía?”

El resultado de la encuesta fue relevante e instructivo. Algunas muchachas dieron respuestas generales tales como: “Cuidar a los niños” lo que indicaba que para ellas “mujer judía” era sinónimo de “mujer”. Otras expresaron el “cuidar los niños” en términos judíos, tales como: “ir a comprar jalá” o “cocinar para el shabat “.Otras asociaron el concepto de “mujer judía” a la realización de los rituales en el hogar, tales como: “mantener el kashrut en casa” o “encender las velas”. Algunas mencionaron aspectos sinagogales como: “ir a la sinagoga en las fiestas importantes”.

Relativamente pocas muchachas mencionaron que lo que debe hacer una mujer judía. La mayor responsabilidad de la mujer judía es la de enseñar y transmitir a sus hijos su herencia judía y estudiarla por sí misma.

¿Y cual es esa herencia? Esa herencia o legado es ni más ni menos que el judaísmo.

Hay muchas definiciones de judaísmo. Yo no pretendo, en modo alguno exponer un tratado sobre judaísmo: para ello hay personas mucho más eruditas en el tema que yo. Únicamente diré que el judaísmo ha perdurado entre nosotros, desde Abraham a nuestros días, gracias a muchas cosas, pero sobretodo, sobretodo, gracias a su enseñanza en el seno de la familia, gracias a la madre judía.

Bajo una perspectiva judía, la mujer, al elegir el desafío de tener hijos, se compromete a crear y moldear un cuerpo y un alma judía, cuya misión es la de mejorar el mundo en que vivimos. La mujer y el hombre, dentro del judaísmo desempeñan distintos papeles.

La mujer es la encargada del hogar y de la educación de los hijos. Durante los primeros años de infancia, la educación es, principalmente responsabilidad de la mujer. Después la educación es compartida.

Por cierto no se si saben como de dice mujer en arameo: mujer en arameo se dice “d´baita “que quiere decir “de casa”.

Cuando la madre hace una comida de shabat o de fiestas como pesaj, los hijos se impregnan de olores, sabores, y colores.

Cuando la madre realiza el encendido de las velas en víspera de shabat o de fiestas y recita las bendiciones correspondientes, los hijos se impregnan de sonidos y músicas.

Todo ello son actos positivos que van calando en el niño quien se impregna de estos actos.

Todo esto que acabo de decir no es teoría. Es pura práctica. No estoy más que transmitiendo mis propias experiencias de niña. Recuerdo perfectamente cuando, de pequeña me llegaban los efluvios de olor a mermelada de fresa cuando mi madre preparaba “ los sufganiyot “ (bollos) para la fiesta de Hanukka; los “oznei hamman “ de Purim; las comidas lácteas para Tu Bishvat, al tiempo que nos contaba el porque de estos dulces y costumbres.

Cuando la madre judía ha terminado de disponer la mesa para el Seder, convendrán ustedes conmigo, madres judías, que casi no tiene fuerzas para sostenerse de pie, tan cansada esta !. Pero ver reunidos alrededor de una mesa a su marido, hijos, nietos, familiares y amigos, dispuestos a celebrar, nuevamente, e igual que se viene haciendo hace mas de cuatro mil años, año tras año el Seder de Pesaj es la culminación de un deber y una obligación para con el futuro y para mantener viva la cadena de transmisión a la que estamos indefectiblemente unidos.

Asimismo los hijos van diariamente recibiendo las enseñanzas del judaísmo a través del quehacer diario de la madre (cocinar guardando las normas de cashrut).

La grandeza del judaísmo es que no debe esperar a las fiestas judías anuales, sino que cada shabat la madre judía dispone su casa para recibir el shabat, cocina las comidas típicas, enciende las velas, cada semana se renueva el mandato y la tradición que impregnan a sus hijos dentro del seno de la familia.

Y en cumpliendo a su modo los preceptos que le han sido transmitidos, la madre judía enseña a hablar a sus hijos. Así es como esa maravillosa lengua que es el ladino, (antiguo español del siglo XV con algunas palabras del portugués y/o castellano del Siglo V, tales como “ainda” –que como saben significa “aún”, y algunas palabras de algún idioma de los países por los que fueron transitando los judíos después de su expulsión de España hasta su asentamiento principalmente en Grecia, Turquía, Bulgaria, Rumania y Eretz Israel ), como decía esa maravillosa lengua que es el “ladino” ha sido transmitida de generación en generación hasta nuestros días.

Desgraciadamente, esta riqueza sin par corre el riesgo de desaparecer en muy pocos años si no se realizan esfuerzos encaminados a su preservación, pues, actualmente, son pocos los lugares en donde permanece viva esta lengua entre los sefardíes de Turquía y entre algunos sefardíes de Israel.

De la misma manera que la mujer sefardí ha ido transmitiendo a sus hijos las tradiciones judías y la lengua de España del siglo XV, ha transmitido cantos religiosos y no religiosos pronunciados en esa misma “lingua”.(he dicho “lingua”, a propósito, en lugar de lengua, que es como se dice” lengua” en ladino.)

¿Quién no recuerda las canciones en ladino, cantadas al final la víspera de pesaj tales como “el cabritillo”… o “uno es el salvador, baruch hu ubaruch shemo”….?, canciones aprendidas desde la más tierna infancia, y repetidas año tras año.

Aquellas personas que estuvieron presentes, aquí, ayer por la tarde, tuvieron la ocasión de escuchar las, para mí, preciosas canciones en ladino con sus melodías que datan de tiempos medievales, melodías que fueron compuestas en España por músicos sefardíes, influenciados por la música de su época y que se han conservado, vivas, por mediación de los sefardíes, gracias a esa transmisión oral de madres a hijos. Esas músicas forman parte de la cultura sefardí.

De la misma manera, la mujer sefardí ha transmitido, de generación en generación, desde la expulsión de España de los judíos en el siglo XV, las comidas que elaboraron y comieron en “sefarad”, comidas que aprendieron a cocinar en la península.

Así, los sefardíes siguen comiendo tomates rellenos de carne, berenjenas rellenas carne, emanadas rellenas de espinacas, etc. y sobre todo el plato principal de la comida del mediodía del sábado- “la adafina”- cocido a base, principalmente, de patatas, garbanzos y carne vacun0 aromatizado con especias, que según parece, fue el antecesor del cocido madrileño o su coetáneo.

La estructura de los rituales judíos y la cohesión de la familia dan un marco de estabilidad, claridad y sentido. Cuando los niños crecen y ven en sus casas que están acompañados, durante el shabat y las fiestas, por invitados y/ o por personas extrañas, están aprendiendo el valor de la hospitalidad, unos de los valores fundamentales del judaísmo.

El judaísmo se ha transmitido siempre de forma práctica, además de la teoría. Los hijos han vivido, diariamente, la experiencia de las tradiciones, los rezos y la ética judía.

Al final del día de Yom Kipour (día en el que pedimos perdón por los actos impropios cometidos durante el año que acabó), pedimos a D’s que nos juzgue con “la benevolencia de una madre “. No deja de ser curioso que la palabra “benevolencia” “rajmanut”, tenga la misma raíz que la palabra “matriz” en hebreo: ”rejem”.

Para terminar diré que.. …… “cuando los padres crían a sus hijos con amor, rumbo, disciplina y educación judía, están garantizando que sus hijos, en el futuro, cuenten con las mejores herramientas posibles para formar sus propias familias judías” .

 

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