21 ene. 2015

Por la continuidad de Occidente, por Abraham Barchilón

He dejado transcurrir un espacio de tiempo que considero de “duelo”, para serenar el alma, que nuestros lagrimales dejaran de verter, aunque el corazón siga llorando y así poder ver mejor el horizonte y abrir los ojos hacia el futuro.

Se vertieron ríos de tinta, y también de sangre, en esos días de masacre, donde personas inocentes eran abatidas por el “fuego” de la sin razón, donde, desde el miércoles, día en que comenzó esa triste andadura, hasta el viernes en que finalizó, por minutos, por no decir por segundos, se fueron desmoronado los “argumentos” de los terroristas. Desgraciadamente, se llegó a la conclusión de que no era sólo un atroz ataque contra un medio de comunicación, ni contra el derecho de libertad de expresión, ni siquiera contra la aceptación de la justicia como elemento de convivencia (pues la francesa había fallado en contra de sus pretensiones), ni siquiera sólo contra los judíos - aunque, como siempre, acabaron siendo, también esta vez, parte de las víctimas inocentes-, sino contra Occidente.

Lo que se estaba atacando era a nuestra civilización,  nuestra forma de vivir, a la cultura occidental, de todo lo cual se aprovechan para intentar aniquilarla. Por ello, ese futuro que vislumbramos, es incierto para la civilización occidental y algunos no quieren verlo. Emplean conceptos que, no siendo sinónimos, hacen llegar a la opinión pública para ocultar la realidad, que son cómplices de la intranquilidad en que se ha de vivir: que las escuelas, los centros oficiales, deban ser custodiados, que los presupuestos deban dejar de lado el progreso, para decidicarlo a la seguridad, es decir, a intentar preservar el derecho a la vida.

El terrorismo islamista avanza a pasos agigantados. Ya no es sólo las espeluznantes decapitaciones de que las que se vanaglorian, ya no es sólo la exterminación de lo yazeries, ni los secuestros, venta y violación de grupos de niñas en Nigeria, ni la quema de iglesias en Nigeria, ya hacen acto de presencia en Gaza, donde ese otro grupo terrorista llamado Hamas impone su dictadura,  a pesar de que algunos países quieren sacarlo de la lista internacional de grupos terroristas. Y finalmente, escenifican toda su barbarie en Europa.

No se puede seguir confundiendo a la poblobación hablando de “islamofobia” (pues nada hay contra el Islam como religión), lo que la cultura occidental quiere, y debe, es defenderse de la “islamización” (pérdida de nuestras características e idiosincrasia) y, por supuesto, del “islamismo”, en cuanto la imposición por la fuerza de sus creencias religiosas.

Hagamos visible la hipocresía de los países que financian el terrorismo internacional y, a la vez, “lavan su conciencia” colaborando con Occidente en la lucha contra el fanatismo islamista. Países cuyos nombres, para mayor gloria, cubren parte del “merchandising” deportivo, que tan dispuestos estamos a incorporar a nuestras vidas y que aceptamos como válido.

Europa no debe dejar que el terror, el fundamentalismo, la aniquilación del que no profese lo mismo que su convecino, vuelva a reescribir en su territorio la etapa más negra de su historia de la humanidad:  ¿otro holocausto?.

Pongamos fin al “buenismo”, aceptemos lo bueno de la pluralidad cultural y religiosa,  arbitremos las medidas para apartar a los terroristas y que no volvamos a tener que hacer demostraciones de convivencia (manifestación en París) a las que acuden personajes políticos, que después piden perdón por su asistencia o que apoyan a grupos terrorista en otros países.

Occidente lo agradecerá.

Abraham Barchilón es presidente de la Comunidad Judía de les Illes Balears



 

TWITTER

OPINIÓN

FACEBOOK