9 abr 2010

Yom HaShoá veHaGevurá 5770


El próximo domingo 11 de abril al anochecer todas las comunidades judías en el mundo conmemoran el Dia del Recuerdo de la Shoá y el Heroismo, que corresponde al 27 de Nisán del calendario hebreo.

Se trata de una fecha triste pero necesaria, recordar el horror para que no se repita.

Reproducimos a continuación un artículo de Dalia Levinsohn, Secretaria General de la Federación de Comunidades de España con motivo de su participación el pasado 27 de enero en el acto de memoria en el 65 Aniversario de la liberación del campo de exterminio de Auschwitz.

Permítanme que divida el presente relato en dos partes. Empezaré por los hechos tal como sucedieron y fácilmente constatables. El European Jewish Congress (EJC) organizó un viaje para todas las federaciones de comunidades judías europeas a fin de participar en los actos conmemorativos del 65º Aniversario de la liberación de Auschwitz, que tuvo lugar el pasado miércoles 27 de enero en el que fuera campo de exterminio de los nazis, Birkenau, situado a unos tres kilómetros de distancia del campo de Auschwitz.

Asistieron varias delegaciones de asociaciones europeas interesadas en estudiar el Holocausto, parlamentarios europeos, ministros y directores generales de educación y enseñanza, de conservación de patrimonio cultural, representantes consulares de los países aliados, altos representantes de las confesiones cristianas y judías, representantes de la comunidad romaní de Polonia y varios supervivientes de distintos países de Europa.

El acto se inició con el conmovedor testimonio de tres supervivientes que fueron liberados aquel lejano día del 27 de enero de 1945 por las tropas soviéticas.

Acto seguido intervinieron el ler Primer Ministro de Polonia, el Presidente del Parlamento Europeo, el Primer Ministro de Israel, Benyamin Netanyahu, el Ministro de Educación de Rusia, el Ministro de Educación de Polonia, y el director Conservador del Museo Auschwitz-Birkenau.
Resumiendo los discursos, cabe decir que ante todo, se rindió tributo a los supervivientes presentes y a través de ellos a todos los supervivientes que hacen una labor impagable mediante la narración de los trágicos sucesos que tuvieron que enfrentar, por cuanto ellos son la memoria viva de la más horrible de las barbaries cometidas contra la humanidad. Y en consecuencia se hizo alusión a la obligación de recordar, jamás olvidar, enseñar y educar a las futuras generaciones que deberán recoger el testigo cuando ya no quede mas memoria viva.

Destaco la intervención del Primer Ministro de Israel, Benjamín Netanyahu, quién recordó con profunda emoción que el pueblo judío ha sobrevivido al horror del Holocausto y que Israel, el Estado de los judíos, se defenderá de cuantos ataques y amenazas está recibiendo de forma pública y notoria para todo el mundo. El mundo que calló entonces y que calla ahora, cuando Israel recibe amenazas de destruirlo totalmente.

Tras los parlamentos se procedió a condecorar a tres de los mayores museos e instituciones que han contribuido con especial mérito a recordar y conmemorar a las victimas del Holocausto y los campos de concentración. Recibió la Cruz de la Orden de Polonia el director del Museo Auschwitz-Birkenau, Sr. Piotr Cywinski y la Cruz de la orden del Mérito de la Republica de Polonia, los representantes de Yad Vashem, el Sr. Avner Shalev y la Sra. Sara Bloomfeld.

A continuación los participantes, que estábamos sentados dentro de una inmensa carpa con cabida para mas de dos mil personas fuimos invitados a dirigirnos al lugar donde se halla el Monumento a las Victimas, donde se procedió al encendido de velas recordatorias, al solemne recitado de Kaddish y el Maleh Rajamim, el Eterno Responso y la lectura de salmo cuarenta y dos.

El frío era intenso dentro de la carpa. Allí estuvimos sentados unas dos horas. Fuera –19º. Frío. Mucho frío. Tengo clavado el frío desde que llegamos el día anterior al Aeropuerto de Cracovia. Me costó hacerme a la idea de que iba a pisar tierra polaca. La tierra que los bisabuelos de mis nietos y mi familia tuvieron que dejar a mediados y finales de los años 20 del pasado siglo como consecuencia de los progroms contra los judíos.

Frío, mucho frío. El autobús nos lleva de Cracovia a Oswiecim, nombre polaco de Auschwitz. Sesenta kilómetros de pueblecitos nevados, campos nevados, todo blanco. Todo impoluto. Las calles limpias. Seguro que no son las mismas que las de 1945. Pero los campos sí. No puedo evitarlo: ¿Como se hace para escapar de aquí cuando los árboles en invierno están sin hojas. ¿Donde se puede uno esconder de la persecución?. ¿Como? ¿Habrá alguien que ayude?

Estamos llegando. Nos lo va diciendo la guía del autobús. El corazón se va encogiendo cada vez más. Los organizadores del viaje nos dan una manta de las llamadas polares para protegernos durante la visita al campo. La mayoría o casi todos la rechazan. No la necesitamos: llevamos camisetas térmicas, como mínimo dos jerseys de lana por persona, dos pares de calcetines, botas impermeables, abrigos de lana, forros polares, pieles, guantes, gorros, chales y bufandas. ¿Quién necesita más? Nadie. Hemos llegado y salimos del autobús.

Pasamos por el gran portón de entrada. Resbalamos con la nieve pero el barullo de la entrada con los agentes de seguridad que nos chequean, verifican nuestras tarjetas de acceso que llevamos debidamente colgadas del cuello no nos permite todavía entender bien donde estamos. Situarnos. Finalmente accedemos al inmenso recinto vallado con alambrada.

Sí, es igual que en las películas que hemos visto mil y una veces. Pero ahora estamos allí. Esto existe de verdad. Iniciamos una marcha de unos mil metros por un camino bastante ancho y nos dirigimos a la carpa donde tendrá lugar el acto conmemorativo. El frío empieza a calarnos a todos. Nadie habla. ¿Como es posible que tengamos frío? ¿Cómo nos atrevemos a tener, nosotros tan bien pertrechados como vamos? Israel Alberto de 83 años, superviviente de Corfú me dijo al llegar al aeropuerto: Ya veréis, todos tendréis frío al llegar al campo. Imagínate el frío que teníamos nosotros. Con un traje a rayas destrozado, zuecos de madera destrozados y con un mendrugo de pan al día, si lo conseguías. Tenía razón. Se nos ha calado el frío por que es algo más que frío. Es horror contenido, espanto, estupor, rabia, dolor- ¿cómo fue posible todo aquello? Llegamos agotados a la carpa que se encuentra casi al fondo del campo de Birkenau. Agotados ¿cómo nos atrevemos a estar agotados por andar a penas un kilómetro por la nieve, a –19º y tan bien pertrechados con nuestras capas de ropa caliente y limpia?.

Tomamos asiento en la gran carpa y da comienzo la ceremonia. No puedo reproducir los tres testimonios de los supervivientes, por lo que resumo uno de los tres:

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