11 may. 2011

Yom HaShoá en Madrid


Un año más, la ciudad de Madrid volvió a honrar la Memoria.

La lluvia nos dio un respiro, y la mañana del 8 de Mayo, más de un centenar personas nos pudimos dar cita en el Parque Ferial Juan Carlos I para recordar a los seis millones de judíos asesinados durante la Shoá.

Una corona de flores depositada al inicio del acto a los pies del Monumento al Holocausto, presidió una emotiva ceremonia a la que asistieron más de un centenar de personas, entre ellas, no pocos niños.

Durante el acto, organizado por la Comunidad Judía de Madrid y el Ayuntamiento de Madrid, pudimos escuchar las palabras del Alcalde de Madrid, Alberto Ruiz Gallardón, del Presidente de la Federación de Comunidades Judías y Presidente de Yad Vashem España, Isaac Querub y del Presidente de la Comunidad Judía de Madrid, Samuel Bengio.

La importancia de la existencia del Estado de Israel para garantizar el “nunca más”, menciones históricas y literarias salpicaron unos discursos cargados de reflexión; mientras que la emoción se hacía silencio durante dos intensos minutos de recuerdo, guardados en nombre de los seis millones de asesinados.

Como viene siendo habitual en estas ceremonias el Maalé Rajamim, la Oración por los Difuntos, fue entonado por el rabino de Madrid, Moshé Bendahan.

Este año, destacó el reconocimiento a los supervivientes del Holocausto. Cinco jóvenes nos leyeron las semblanzas de Rhoda Henelde Abecassis, Eva Leitman Bohrer, Joseph Bohrer, Joseph Helton y Max Mazin, para posteriormente entregarles una pequeña réplica del monumento al Holocausto como “testigo de su memoria”.

La comunidad internacional conmemora el Día del Holocauto el 27 de enero, día de la liberación del campo de Auschwitz. Por su parte Israel y las comunidades judías del mundo realizan su homenaje, desde mucho antes, en Yom Hashoá, coincidiendo con el aniversario del levantamiento del Gueto de Varsovia.

Reproducimos a continuación el discurso del presidente de la Federación de Comunidades Judías de España, Isaac Querub:

Autoridades, amigos y amigas,

El Pueblo Judío, Israel y el mundo civilizado conmemoramos la Shoá, 66 años después del final de la ll Guerra mundial.

Esto es, recordamos la deportación y el exterminio sistemático de seis millones de hombres, mujeres y niños, todos inocentes, por el mero hecho de haber nacido judíos, a manos del Gobierno de la Alemania nazi, que planificó y ejecutó, contando con todos los recursos del Estado, el programa de limpieza étnica conocido como Solución Final.

Nunca captaremos o comprenderemos la terrible dimensión de esta tragedia.

La Shoá supone la noche más oscura de la Humanidad durante la cual se dieron cita el poder, la codicia, la mentira, el fanatismo, y, el desprecio por el otro, por la libertad y por los derechos humanos.

Los nazis sabían lo que hacían. Matando al judío sacrificaban al mensajero de todos los valores recogidos por la Torah y que suponen los cimientos de nuestra civilización judeo-cristiana.

La Shoá fue posible porque existía previamente el clima propicio que favorecía al Antisemitismo y la persecución de los judíos.

Contribuyó a ello también que algunos hombres buenos no mantuvieron la alerta necesaria y que algunos líderes políticos adoptaron una posición de genuflexión para apaciguar a la bestia.

Como bien resume Emil Fackenheim el proceso histórico de la judeofobia:

“ - Primero nos dijeron: los judíos no pueden vivir entre nosotros como judíos,

- Segundo: los judíos no pueden vivir entre nosotros y

- Tercero, los judíos no pueden vivir”.

Hoy, recordamos a las víctimas de la Shoá para recuperar su memoria, en la medida de lo posible su identidad y en cualquier caso restituir su dignidad.

Desde Yad Vashem y desde la Federación de Comunidades Judías de España, alentamos, principalmente a los jóvenes, a mirar hacia adelante y a empuñar la antorcha que ilumina la senda de la libertad y del respeto, a que se mantengan siempre alertas, contra las tentaciones totalitarias, fanáticas, antisemitas o racistas.

Debemos promover una educación fundamentada en la tolerancia, en el derecho a la diferencia y a la discrepancia, en la libertad de expresión autolimitada por la libertad del otro, en la diversidad cultural y étnica como fuente de riqueza y en la defensa de los derechos humanos.

Podemos entender el error pero no la mala fe que tiende a transformar la realidad.

Podemos formular diagnósticos equivocados pero no falsificar la evidencia.

Podemos aceptar que los políticos pretendan tranquilizar conciencias pero no alienarlas.

Aquí, en España, no aceptaremos la negación de la Shoá, denunciaremos cualquier declaración que incite al odio o tenga contenido antisemita, pese a la doctrina del Tribunal Supremo que modifica los artículos 525 y 607 del Código Penal, y rechazaremos la deslegitimación o demonización de Israel.

Predicar el diálogo puede ser políticamente correcto pero hacerlo con aquellos que quieren borrar del mapa a Israel y al Pueblo Judío no sólo es ingenuo, sino criminal, o peor aún estúpido.

“La razón no puede dialogar con la sinrazón” nos recuerda Jiménez de Parga.

En su libro, Daniel Goldhagen cita el poema “Divine Image” de William Blake que empieza diciendo que “ la crueldad tiene corazón humano”.

No lo olvidemos nunca: la Shoá fue cosa de hombres.


 

TWITTER

OPINIÓN

FACEBOOK