5 jul. 2012

De Munich a Londres 2012, menos doce, por Abraham Barchilón


El próximo día 27 de julio de 2012, Londres se vestirá de gala para la  inauguración de los Juegos Olímpicos, los países exhibirán a sus mejores atletas y quizás os preguntéis qué significa “MENOS DOCE”.

La memoria humana, ese disco duro que no se puede “formatear” y que si bien en algunos espacios de tiempo está en “stand by”, la introducción en el mismo de una palabra, reactiva el sistema y recordamos lo nunca olvidado.

El “Menos doce“no viene a reflejar los días que faltan, ni el número de competiciones programadas, ni el de medallas que se prevé que un país pueda conseguir, pero sí se viene a referir, precisamente, al factor más importante en el desarrollo de unos Juegos Olímpicos y sin cuya presencia, por mucha organización, estructura o publicidad que se les de, es inviable: me vengo a referir al factor HUMANO.

Apreciaremos el fausto de la inauguración, sus abanderados desfilando y el COI, esos proclives ciudadanos que, asumiendo las facultades de “un gobierno mundial”, nos querrán trasladar la imagen de lo ideal del fundamento de los Juegos Olímpicos. Desde los primeros celebrados en Grecia, en que durante su celebración se paralizaban los conflictos bélicos y se mantenía una tregua sagrada en todo el país, dándosele al evento una connotación de paz y armonía que no podía ser violada bajo ninguna circunstancia.

En la época moderna, Pierre de Fredi, barón de Coubertín, comienza a soñar con unir en una extraordinaria competición a los deportistas de todo el mundo, bajo el signo de la unión y la hermandad, sin ánimo de lucro y sólo por el deseo de conseguir la gloria, competir por competir..

El mundo, en 1948 era otro, repleto de cicatrices y traumas. Era la consagración del espíritu olímpico el simple hecho de que Londres fuera sede de unos Juegos Olímpicos después de la guerra. Los historiadores usaron expresiones como "increíble" y "conmovedor" al describir el esfuerzo británico para realizar la competición.

Pero todo ello no nos podrá llevar a eliminar de nuestra memoria a quienes no pueden presenciarlo, porque la sin razón decidió quitarles la vida cuando se disponían a materializar el espíritu que representan los cinco anillos que están entrelazados, símbolo de la amistad deportiva de todos los pueblos, es decir, los cinco continentes.

Doce fueron, entre deportistas, entrenadores y policía, las víctimas del fanático grupo terrorista “Septiembre Negro”, que insultaba al mundo atentando en la sede de la más noble expresión de amistad entre las naciones. Pero no podemos ni debemos limitar  la responsabilidad  de dicha masacre al citado grupo terrorista, sino, como se ha constatado por la “Oficina federal alemana para la protección de la ciudadanía”, (cruel paradoja) a activistas neonazi que colaboraron y ayudaron a los palestinos a perpetrar la masacre de los atletas israelíes durante la Olimpiada de Munich de1972.

Comprobamos como los movimientos neonazi gozaron de libertad para moverse dentro del espíritu olímpico de Munich pues, siete semanas antes de su comienzo, ya mantenían reuniones y organizaban su atentado, el nazi llamado Willi Pohl con Sad Walli, que era un alias de Abu Daoud, uno de los líderes de Septiembre Negro.

Por ello, en época olímpica, debemos llamar la atención al mundo occidental ante el  resurgir de los movimientos/partidos/asociaciones nazis que proliferan en todo el mundo y, en especial, en la Europa continental, donde observamos como, el día en Memoria del Recuerdo del Holocausto, el partido ultraderechista austríaco celebraba un baile de gala, el partido de Le Pen vuelve al Parlamento francés, el partido nazi “Amanecer Dorado” llega al parlamento griego y vocifera en plena vía publica y en los medios de comunicación, su fobia, su racismo, su odio, hoy a unos y mañana lo ampliarán a todos aquellos que no comulguen con sus postulados.

En este impasse, el COI se niega a mantener un minuto de silencio en el acto inaugural de Londres 2012,  en el cuarenta aniversario del atentado de Munich. Pero la memoria de las personas de buena voluntad siempre recordará a los que fueron masacrados y cuyo recuerdo debe ser la verdadera antorcha olímpica, perpetua, de la liberad, la igualdad y del derecho a la vida.  

Abraham Barchilón es abogado y ha sido miembro de la Comisión Permanente de la FCJE.






 

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