27 dic. 2012

Sigamos con las Reformas: cambiemos el 24 por el 31, por Abraham Barchilón

    En estas fechas siempre me viene al pensamiento la misma idea  cuando me dispongo a escuchar a Su Majestad el Rey Juan Carlos I en su, prácticamente, único discurso al “pueblo”. Catalogado por la Casa Real como “reflexión”, yo lo calificaría de análisis que hace de una anualidad. No cabe duda que la emisión del mismo es esperada por la gran mayoría de la ciudadanía y prueba de ello es el grado de audiencia que tiene el mismo, que supera de forma contundente a los discursos de cualquier otro estamento.

    Como ya habrán intuido, me estoy refiriendo al mensaje anual denominado de “Navidad” de SM el Rey quien, cada año, el día 24 de diciembre, no sólo comparte nuestros hogares sino que, como buenos anfitriones, lo esperamos haciendo un “alto” en esta ajetreada víspera de Navidad.

    Con el debido respeto a la institución –La Corona- y a su portavoz - S.M D. Juan Carlos I -, para dar consistencia a la reivindicación que viene a ser esta opinión, voy a utilizar sus propios argumentos: “Promover  valores como el respeto mutuo y la lealtad recíproca”, “Desde el respeto a la diversidad, integrar lo común para sumar fuerzas, no para dividirlas", ”El reconocimiento de nuestra pluralidad y el amparo de las diferentes lenguas, culturas e instituciones de España".

    Pues todos esos buenos propósitos, pero referidos a los artículos 14 “sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento ,raza, religión….” y  16.3 “ Ninguna confesión tendrá carácter estatal, Los poderes públicos tendrán en cuenta las creencias religiosas de la sociedad española ……….”, y dentro del ambicioso proceso reformador, en todos sus ámbitos, que se está  acometiendo en  la sociedad española, considero que podría haber llegado el momento de que la “ Reflexión”, “discurso” o “análisis” que Su Majestad pronuncia anualmente, y al que venimos refiriéndonos, podría ser trasladado al 31 de diciembre.

    Si a los citados preceptos Constitucionales le adicionamos el sentir personal, en cuanto a la lealtad a SM, tal y como también ha expresado: la Navidad "simboliza el triunfo de la generosidad sobre el egoísmo", debería su fe ser el complemento necesario para, personalmente, capitanear también este cambio, que vendría, en resumen, a poner en vigor ese precepto ya citado de “tener en cuenta las creencias religiosas de la sociedad española”.

    No debe verse en esta opinión ningún atisbo de ignorar la confesión mayoritaria, sino la de conjugar el ideario que une a las grandes religiones “de respeto en la diversidad” y a la Corona con su pueblo.

    No quisiera terminar sin expresar otra firme convicción mía: la de desear a los que profesan la religión católica mis más cordiales felicitaciones en estas Fiestas de Navidad y que, a todos unidos en la diversidad,  el año próximo nos depare, salud, paz, felicidad y prosperidad.



Abraham Barchilón es abogado


 

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