25 oct. 2013

¿Por qué dejamos ganar al terrorismo?, por Jorge Rozemblum


En estos días el pesar se apoderará de algunas familias en distintas orillas del Mediterráneo. En España, los familiares de los asesinados por ETA asisten y asistirán asombrados e indignados a la excarcelación de terroristas juzgados y condenados por la democracia a miles de años de cárcel, pero que el Tribunal Europeo de Derechos Humanos ha dictaminado que tienen derecho a los mismos beneficios penitenciarios que quien está en prisión por robar una gallina para comer. Más al este, en Israel, las víctimas de otros terroristas llorarán desconsoladas por la liberación de los asesinos de sus familiares a cambio de que los palestinos acepten sentarse a negociar su propio Estado.
Parece que tenemos que resignarnos a que el terrorismo quede sin castigo, al menos sin uno acorde al crimen cometido, y a confundir intencionadamente la relación víctima-victimario. Hemos caído en la trampa lingüística de aceptar expresiones como “terrorismo de estado” para naciones democráticas que tratan de defender a sus ciudadanos e instituciones con las herramientas (policía, ejército, servicios de inteligencia, etc.) que la propia sociedad ha erigido a través de su voluntad expresada en las urnas. Hoy día, sin embargo, nos hemos acostumbrado a poner en el mismo lado de la balanza a este tipo de naciones y a aquellas dirigidas desde las armas, la ignorancia y el culto a la personalidad: justamente los países que, a través de sus mecanismo estatales, propician, forman, financian y sustentan la acción de grupos terroristas en el extranjero.
¿Hace falta dar nombres? No pienso llenar esta página con el atlas del auténtico “terrorismo de estado”, sólo con algunos de los más destacados: Irán, Arabia Saudita, Siria, Catar, etc. Añadamos algunos que “se han visto obligados” a congelar o posponer este tipo de “incentivos” externos: Irak, Afganistán, Pakistán, Sudán, Mauritania, Cuba, China, etc. La lista es tan larga que no sorprende que algunos organismos de derechos humanos donde a cada país corresponde un voto consigan mayorías para poner a su frente a la Libia de la época de Gadafi.
En cuanto al Tribunal Europeo que derribó la llamada “doctrina Parot” que venía aplicándose a los etarras para evitar su excarcelación, ¿no es razón suficiente para plantearse seriamente salirse de la Unión Europea y seguir aplicando lo que los tribunales españoles han dictaminado? ¿Por qué ese posible escenario de aislamiento sólo se plantea cuando se habla del euro y la crisis económica? Parafraseando a Groucho Marx: ¿para qué seguir perteneciendo a un club que nos acepta sólo si nuestras víctimas del terrorismo valen lo mismo que una gallina? Seguramente ante la sola amenaza de un desplante los burócratas de Bruselas y Estrasburgo verían la forma de convencer al Tribunal de que existen otras formas de defender los derechos humanos. ¿Se imaginan si el mismo panel de juristas declarase que Francia tiene que readmitir a los inmigrantes expulsados o que Reino Unido tuviese que pedir perdón formal y públicamente por violar los derechos de soberanía de España y Argentina en Gibraltar y Malvinas?
Más allá de los despachos, se hace muy difícil entender por qué tenemos que dejar que los terroristas ganen, y disfruten de la libertad y los derechos que arrebataron a otros indiscriminadamente.

Shabat Shalom!

Jorge Rozemblum es director de Radio Sefarad


 

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