28 mar. 2014

Un aliado a cambio de 26 asesinos, por Jorge Rozemblum

La Casa Blanca ha ofrecido a Israel liberar a Jonathan Pollard, preso estadounidense desde hace 29 años acusado de espiar a favor de Israel, a cambio de proseguir con la liberación de 26 palestinos encarcelados en Israel, para que estos últimos acepten seguir con las conversaciones de paz (para obtener un estado propio).
Nunca en la historia norteamericana un acusado de espiar a favor de un aliado había permanecido tanto tiempo en prisión, pese a los insistentes pedidos por su liberación. Ni siquiera los enemigos en la Guerra Fría recibieron ese trato. Pero ni Obama ni George Bush hijo y padre, ni Clinton, ni Reagan quisieron demostrar un trato de favor hacia Israel. Sirva de ejemplo para todos aquellos que preconizan el poder absoluto del lobby pro-israelí en EE.UU. Aunque aún no se conoce el alcance verdadero y exacto de los secretos que Pollard confió a la inteligencia israelí, es muy probable que fuera un material bastante menos sensible que el publicado por Daniel Assange en WikiLeaks o por Edward Snowden (y lo que aún quiera contarnos).
Los 104 presos que Israel se ha comprometido a liberar en tandas de 26 cada tres meses desde hace nueve y que concluirán con la última remesa este domingo, fueron arrestados y juzgados antes de 1993, y la mayoría condenados por ataques terroristas con víctimas mortales. Los 98 que ya han salido han sido recibidos con honores de estado como héroes de la “resistencia” y cobran un sueldo mensual muy superior al de cualquier funcionario de la administración palestina. Y ello con dinero que sale de las inmensas ayudas económicas que reciben (las más abultadas del mundo per cápita), entre ellas las de nuestros españoles bolsillos, incluso en tiempos de crisis. Su mérito: matar judíos. Y digo bien, porque no se premia a quien mata israelíes sin más (como también lo son el 17% de árabes y el 2,1% de cristianos), sino sólo a los judíos israelíes.
La oferta estadounidense establece esa macabra proporción de 1 a 26, pero no tendríamos que sentirnos ofendidos ya que hace poco más de dos años Israel tuvo que liberar a 1.066 presos juzgados y convictos a cambio de Gilad Shalit, un soldado secuestrado por el grupo terrorista Hamás. No podemos quejarnos: la proporción ha mejorado mucho. Lo que duele realmente es que la plantee quien se vanagloria de ser el garante de la existencia de Israel. ¿Qué conseguirá la Casa Blanca a cambio? Tiempo.
Pero no se trata de un tiempo muerto, como cuando en un partido de baloncesto se paran los cronómetros y el enfrentamiento deportivo entre los equipos rivales. Desgraciadamente, en la vida real los tiempos muertos (ahora llamados “acuerdo marco”, es decir, decidir no decidir nada de momento, ni para bien ni para mal; véase el acuerdo del Grupo 5+1 con Irán sobre su desarme nuclear) no existen. El enfrentamiento sigue de forma soterrada, preparando nuevos ases manchados de sangre en la manga.
Shabat Shalom

Jorge Rozemblum es director de Radio Sefarad

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