23 may. 2014

Paranoias nuestras, por Jorge Rozemblum

¿Cuántos descerebrados hacen falta para que una amenaza social se vuelva creíble? Algunos grupos terroristas apenas contaban con decenas de simpatizantes y activistas, y sin embargo llegaron a crear el pánico y convertirse en un tema muy serio para el país, por ejemplo, los GRAPO españoles. Sin embargo, cada vez que surge el tema del antisemitismo, parece que todo el mundo quiere volver la cara y mirar para otra parte, aunque los insultos antijudíos se conviertan en trending topic nacional, o sea, en uno de los 10 temas más comentados en la red social Twitter en España.
Este sistema de abonados que permite lanzar mensajes cortos llegó a tener en las pocas horas desde el final de la Euroliga de baloncesto en la que el Maccabi Tel-Aviv se impuso al Real Madrid, una actividad de decenas de miles de mensajes, algunos originales, otros reenviados, dentro de un subgrupo que se identifica mediante lo que se conoce como hashtag, una etiqueta o título para la charla. En este caso, el tufo antisemita del mismo atrajo a la porquería de la sociedad como moscas. Sin ambages y aunque el partido se libró contra un equipo israelí donde (como sucede en la mayoría de los equipos profesionales europeos) participan jugadores internacionales no israelíes ni judíos, el hashtag que tanta actividad generó se llamaba #putosjudíos.
Estamos acostumbrados a ver y tolerar las bajezas de las pasiones deportivas. Pero en este club de mensajes, no se insultaba al equipo ganador ni a sus seguidores, sino al origen étnico del país donde está registrado. Y tampoco es que se les insultaba simplemente, sino haciendo alusiones directas al holocausto y el nazismo. No hablamos de visitantes de un blog de una página web neonazi, sino de jóvenes “normales”, de esos como su hijo, hija, hermano, hermana, nieto o nieta, que ven y se emocionan con espectáculos deportivos. No son los ultras violentos del fútbol, no son analfabetos que desconocen totalmente qué fue la Shoá (ya que aluden a lugares comunes referidos a ella), no son energúmenos y posiblemente haya gente con un buen nivel de estudios. Porque el odio antisemita (ese del que tantas veces nos acusan de paranoicos, por sentir y proclamar que existe) es un puñal venenoso que atraviesa los corazones de las personas de cualquier estamento social, económico, educativo o étnico, y les inocula insensibilidad y ceguera.
Somos una sociedad enferma que oculta los síntomas que la estigmatizarían no sólo ante los demás, sino principalmente ante nosotros mismos, mostrándonos cómo somos realmente y lo alarmante de nuestra morbilidad. El odio inoculado no desaparecerá por sí mismo, ni silenciando o siendo condescendientes con quienes lo denuncien. No son “paranoias nuestras” (uno de los tantos estereotipos negativos detectados por encuestas recientes). Perdonen que acuda a la siguiente paráfrasis, pero nuestro hashtag nacional en este caso tendría que llamarse #laputarealidad.

Shabat Shalom

Jorge Rozemblum es director de Radio Sefarad


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