20 may. 2014

Viralizando que es gerundio, por David Kaisin

           Las nuevas tecnologías no dejan de sorprenderme. Uno ya pierde la cuenta de las diferentes áreas en las que éstas son aplicadas constructivamente día a día. Por deformación profesional, suelen llamarme la atención los nuevos términos utilizados para denominar hechos que siempre tienen en común la necesidad de comunicarnos con aquellos que conocemos o los que aún son potenciales “amigos”. Entre los hashtags, los tweets y los selfies me quedo con el término viralizar. Según este neologismo, una “unidad de información se puede reproducir de manera exponencial”, abarcando un mayor público de destino. Y no es de extrañar esta definición, pues un virus es capaz de reproducirse solo en cualquier ser vivo.
            Para quien escribe, ayer fue un día agridulce. Como simpatizante del movimiento macabeo, estaba alegre por la victoria de Maccabi Tel Aviv en la final de la Euroliga de baloncesto. Sin embargo, admitámoslo, siempre he sido merengue, así que mi corazón estaba dividido. Pero lo que no pude asimilar de ninguna manera fueron las barbaridades que pude leer en diferentes redes sociales maldiciendo a Israel y el pueblo judío, recurriendo a las cansinas referencias a la Shoá, rápidamente convertidas en fenómenos virales.
            La crisis que estamos viviendo nos hace buscar vías de escape, a modo de catarsis. Los valores que deseamos transmitir a las futuras generaciones parecen ser cuestionados una y otra vez con una relatividad y banalización escandalosas de nuestros ejes éticos y morales por parte de aquellos que ven en esta época una oportunidad de pensar en sí mismos sin importar el precio que otros deban pagar por ello. Desgraciadamente, seguimos revolcándonos de placer cada vez que vemos que algún corrupto o banco ha sido cazado y debe pagar por sus delitos. . Nos sentimos con el derecho de sentenciar a otros para evitar mirar hacia nuestras propias carencias físicas y morales.
            La Roja, la Rojita, la ÑBA, Rafa Nadal y los Lorenzo, Márquez y Alonso han sido hasta ahora la cortina que disimula la grieta que todos tenemos en alguna pared  y los ejemplos, no sin razón, de esfuerzo diario y tesón para conseguir nuestros objetivos. Pero algo ha cambiado y ese mensaje no ha calado tanto como pensábamos.
            El deporte y la intolerancia no son ni pueden ser compatibles. Da igual que sea una avalancha de comentarios antisemitas o las muestras de racismo en los estadios de fútbol.        
           Nuestros jóvenes en edad escolar están inmersos en una etapa en la cual la palabra “crisis” lleva formando parte de su universo intelectual desde su más tierna infancia. El odio es una semilla latente que existe en cada uno de nosotros y es muy fácil de viralizar. Solamente necesita un ambiente cómodo en el que desarrollarse y qué mejor que alguien buscando soluciones a los problemas que sus mayores son incapaces de explicar.
            Y cuando acabe la crisis, ¿volveremos a apaciguar nuestros sentimientos de odio hacia el otro? ¿Nos cegará de nuevo el ansia por conseguir más y disfrutar de un estado de bienestar que no entiende de términos como respeto, tolerancia y solidaridad?
            Es en épocas como ésta en que debemos ser cuidadosos, sensatos, y no  repetir odios pasados, culpando al que consideramos diferente. La lucha por un presente digno y un futuro esperanzador comienza con la aceptación de un mundo plural y la educación de las nuevas generaciones.  

David Kaisin es presidente de la Comunidad Judía Illes Balears

 

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